jueves, 24 de marzo de 2011

España en el top ten de la gilicracia.

En los momentos de pesimismo y desánimo, siempre hay una chispa de esperanza que nos hace recapacitar y comprobar que, después de todo, hay razones para el optimismo. Cuando muchos españoles andábamos algo mohínos al comprobar, a raíz de la agresión a Libia, que nuestra Patria no es más que un mamporrero de la cleptocracia yanqui-sionista, un dato nos ha devuelto la esperanza en la sagacidad y el patriotismo de nuestros dirigentes: El MIPEX nos sitúa entre lo mejorcito de Europa, para que luego digan.

Si todavía hay alguien que no sepa lo que es el MIPEX, señalar que es el acrónimo del Migrant Integration Policy Index, organismo que al parecer se ocupa de medir el grado de satisfacción de los inmigrantes en los distintos países que tienen el honor y la suerte de disfrutar de su presencia. No queda claro quién financia a estos observadores ni quien compone este sanedrín, aunque teniendo en cuenta que sus conclusiones son avaladas por el British Council, nos maliciamos que no deben andar lejos los simpáticos chicos de la escuadra y el compás.
Según este instituto, logia u organismo, España trata mejor a sus inmigrantes que antes de la crisis. Faltaría más. España es uno de los países europeos donde los foráneos lo tienen más fácil para acceder a todo tipo de ayudas sociales, traer a toda su parentela a disfrutar de las mismas, votar o, ya puestos, adquirir la nacionalidad. El hecho de que nuestros políticos no pongan el mismo entusiasmo en tratar al menos igual de bien a los españoles, es un detalle secundario que no debe empañar el magnífico puesto en este ranking de la papanatocracia eurogilipollesca.
Puede que cada vez más españoles se vean obligados a acudir a los comedores de beneficiencia, que superemos los cinco millones de parados o que las condiciones laborales sean cada vez más precarias, pero, eso sí, tenemos los inmigrantes más lustrosos y mimados de la eurozona. Será por dinero.