miércoles, 27 de abril de 2011

Llamazares: el esperpento como vocación.



En este tiempo triste en el que la crisis nos amarga la existencia, siempre son de agradecer los episodios chuscos que nos hacen esbozar una sonrisa aunque, cuando se trata de políticos profesionales, la anécdota suele estar más cerca de la sal gorda y el chafarrinón que del humor sofisticado. Tampoco vamos a pedir peras al olmo teniendo en cuenta el nivel intelectual medio de los padres de la Patria.

De todas formas, ver a la gitanería lanzándole piedras a Llamazares y luego escuchar a éste diciendo que hay un problema social no deja de tener su gracia a pesar de la escasa puntería de los calorros.
Y es que lo del trasnochado líder comunista empieza a ser de traca. La última vez que protagonizó una noticia fue cuando la CIA, demostrando el poco respeto que le tiene a su ex-agente Bin Laden, utilizó la efigie del pobre Gaspar para realizar un retrato-robot del líder de Al Qaeda. Se rumorea que el episodio provocó las iras de Bin Laden, que amenazó con querellarse contra la agencia yanqui por tenerle en tan poco. También Llamazares protestó por el asunto, pero ante el general pitorreo, decidió al final ignorar el tema.
No deja de ser significativo que el líder de los comunistas españoles se haya convertido en una especie de bufón anacrónico que no encuentra su sitio en el espectro político de la España zapateril. 
Y es que, en un sistema en el que la izquierda ha renunciado hace tiempo a transformar el sistema económico, al rojerío sólo le quedan las reivindicaciones demagógicas y la intransigente ortodoxia de lo políticamente correcto: la defensa del lobby gay, la apología del aborto, los ataques a la religión católica, el ecologismo integrista y coñazo, el feminismo de cuota y demás monsergas. Y ahí hace tiempo que la reata de pajines, aídos y demás miembras del comisariado político zapateresco da sopas con honda en estas lides al rojerío clásico de liendre y porro.
Nos imaginamos al Politburó, o como diablos se llame el órgano rector de Izquierda Unida, lamentándose por la falta de tino de su líder carismático a la hora de elegir apedreadores. Si en lugar de gitanos, los aficionados al lanzamiento de proyectiles hubiesen sido rostros pálidos, siempre se les podría acusar de una actitud fascista e intransigente contra el representante de los luchadores por la libertad. Pero, claro, perteneciendo los lanzadores a una etnia secularmente marginada, no pueden cargar las tintas contra ellos so pena de ser acusados de racistas. También es mala suerte.