martes, 17 de mayo de 2011

Cayo Lara y las campanas de la cheka.

El singular comportamiento público del clero es una materia que daría para varias tesis doctorales. Entre el cura que pagaba abortos, el Obispo de Segovia visitando mezquitas y el Papa dorándole la píldora a los judíos, uno ya no sabe si está ante la jerarquía católica, ante el Ejército de Pancho Villa o ante el Departamento de Marketing de un Sex-Shop.
En este circo grotesco de la clerigalla metida en política faltaba el payaso que, como no podía ser de otra forma, viene de la mano de la charanga cómico-festiva Izquierda Unida. Y es que el cura de un pueblo de Zamora ha recibido con repique de campanas al cabecilla de la formación rogelia. Ante espectáculos como éste, uno lamenta más que nunca la muerte de Berlanga. Contemplar al cura zamorano recibiendo bajo palio y entre nubes de incienso al heredero ideológico de los matacuras y quemaiglesias del 36, da para más de un guión berlanguesco. Estoy seguro de que ya existe alguna comisión episcopal estudiando la canonización de la Pasionaria o la proclamación como "Santo Súbito" de Santiago Carrillo cuando por fin estire la pata.
Si a estas actuaciones clericales sumamos la habitual hijoputez separatista de los obispos vascos y catalanes, que se suelen negar a decir misas por las víctimas de la ETA pero que en cambio contribuyen generosamente con su óbolo a las campañas de las Gestoras Pro-Amnistía, a uno le dan ganas de hacerse budista.