jueves, 19 de mayo de 2011

Democracia Real Ya. Manipulando el descontento.


Cuando existe algún riesgo para la pervivencia de esa tramoya de privilegios y trinque llamada democracia parlamentaria, hay una eficaz  técnica para conjurar el peligro que ya se ha probado en otras ocasiones. Consiste, básicamente, en adelantar los acontecimientos para controlarlos antes de que cristalicen en una amenaza real.
Esto fue lo que, como es sabido, ocurrió durante los acontecimientos del 23-F: Aprovechándose del sentido del patriotismo de unos militares descontentos con este régimen, se escenificó un falso golpe de Estado para conjurar el peligro de un golpe auténtico que acabase con el chollo de los políticos profesionales y demás morralla. Les salió perfecta la jugada y, gracias a aquella pantomima, toda la banda de chupópteros pudo respirar tranquila durante décadas sin miedo a una asonada militar.
Ahora vivimos una situación que también entraña peligro para el patio de Monipodio partitocrático: el cabreo creciente que la mayoría de los españoles tenemos ante la ineptitud, corrupción y desvergüenza de la casta política y ante la injusticia inherente al sistema capitalista.
Solución: antes de que ese descontento cuaje en una rebelión abierta contra el sistema, se organiza una "protesta espontánea" que pueda manipularse desde los diversos medios de desinformación y que, de paso, sirva para resucitar a una izquierda desprestigiada.
Los peones utilizados son los mamporreros de siempre: las diversas bandas de redskins, guarros anarco-comunistas, perroflautas de diverso y sucio pelaje, actores progres y subvencionados, "sindicalistas" liberados y demás purrela.
Todos estos esbirros del sistema son los encargados de una doble misión: Por un lado desviar el descontento de los españoles hacia sus habituales dogmas cursidemagógicos (el pacifismo de porro y botellón, el feminismo sin depilar, el ecologismo de cagarruta, la mariconería y demás dogmas políticamente correctos) y, por otra, provocar el rechazo de la gente normal ante la mugre y la zafiedad consustanciales a nuestro rojerío.
Resultado: una protesta trufada con los dogmas políticamente correctos del Sistema al que dice combatir. Y, además, con la desmedida cobertura de los medios de comunicación de ese mismo Sistema. Cobertura que sistemáticamente niegan a cualquier postura disidente (nosotros lo sabemos bien) y que ahora prodigan a los presuntos "indignados". Curioso ¿verdad? 
Por supuesto, en la protesta no hay ni una sola mención a algunos problemas que padecen los españoles pero que no pasan el filtro de la censura progre como el separatismo o la inmigración. Mejor protestar por la caza de focas.
En cualquier caso, siempre es mejor la rebelión que la resignación gregaria como hasta ahora. Además queda la esperanza de que la cosa acabe bien y les salga el tiro por la culata. Quizá las cloacas del Estado hayan desatado un incendio que no podrán controlar y que les acabará devorando. Ojalá.