domingo, 19 de junio de 2011

19-J. Poco perro para tanta flauta.

Las tremebundas "columnas" que iban a incendiar Madrid no han llegado a movilizar ni a 20.000 incautos. Ni la décima parte que cualquier manifestación antiaborto o contra el terrorismo. Eso a pesar del bombo y platillo con los que la prensa del Sistema al que dicen combatir ha venido promocionando el evento. Y es que este invento de la extrema izquierda vistiendo con la bobalicona piel de cordero "plural" lo que no es más que la sempiterna dogmática de antifascistas, anarcoporreros, y septuagenarios fans de la Pasionaria, ya no cuela.
A medida que los organizadores del tinglado van dejando al descubierto su poco agraciada jeta ideológica, el número de gente que les apoya va disminuyendo.
Eso a pesar de que algunas de sus actuaciones, como abroncar a la chusma parlamentaria en su cubil barcelonés,  no hayan dejado de tener su gracia. Que los principales representantes de la mamonazocracia catalana hayan tenido que recurrir a los helicópteros para reunirse en su nefasto "parlament", además de grotesco, da la medida del arrojo político y personal de la casta parasitaria.
Ver a Artur Mas y a sus secuaces acojonados ante no más de dos mil perroflautas, recordaba la famosa escena del 23-F en la que, por un par de disparos al aire de los guardias civiles que tomaron el Congreso, la práctica totalidad de la cabaña de cabestros parlamentarios se apresuraba a esconder la cornamenta bajo el escaño. El único que mantuvo la dignidad fue el funesto Adolfo Suárez,  las cosas como son. Hasta los cabronazos tienen arrestos, a veces.
A propósito de cabronazos, en Es.Radio Jiménez Losantos, fiel a su estilo a medio camino entre lo insultante y lo liliputiense, comparaba a las huestes de "indignados" con los camisas negras italianos en la Marcha sobre Roma. Aunque el pequeño locutor ex-maoísta pretendía insultar a los ultraizquierdistas, en realidad su comparación ofendía la memoria de los fascistas italianos del ventenio. Que es a quien realmente odia. Hay odios que honran y aplausos que mancillan.
Los liberales tienen auténtica fobia a cualquier cosa que les suene remotamente a justicia social pero son conscientes de que mientras la purrela extremoizquierdosa tiene mucho de pose vacía y, al final, comparte las mismos principios materialistas del capitalismo más salvaje, los fascistas apostamos por un cambio real en el sistema de valores imperante. Eso es lo que realmente da miedo a la oligarquía partitocrática.  Por eso, en el fondo prefieren que el legítimo malestar de la mayoría de los españoles ante la cleptocracia parlamentaria sea encauzado por la ralea anarcocomunista con sus diversos disfraces de ecologista, feminista y pacifista mariconera. 
El natural rechazo a la mugre hará que la indignación se torne en desaliento y asco. El Movimiento 15-M no es más que la falsificación postiza e hipócrita de un descontento legítimo. Lo que pasa es que la falsificación es tan burda que el truco ha sido desvelado antes de tiempo. Si en vez de infaustos trapos de la Segunda República hubieran exhibido alguna Bandera Nacional, algunos hasta nos lo hubiéramos creído.