sábado, 25 de junio de 2011

La Aído a la ONU. Abandonando el barco.


Es admirable la habilidad de los políticos profesionales para buscarse la vida y encontrar un nuevo chollo cuando el actual empieza a hacer agua. El archiconocido Principio de Peter, según el cual en una organización todo empleado tiende a ascender hasta su máximo nivel de incompetencia, encuentra su reflejo paradigmático en la política española, sobre todo a la hora de abandonar la poltrona. Desde los tiempos de Indalecio Prieto y el yate Vita, la cabaña de nuestra casta dirigente ha ido desarrollando un especial talento para, cuando las cosas se ponen color de hormiga, escurrir el bulto con desparpajo y montar el rentable chiringuito en otras latitudes.

Casos como el de Javier Solana, pasando de militante sociata de pana y caspa a genocida institucional al mando de la OTAN, o el de José María Aznar impartiendo sabiduría en inglés en la Skull and Bones University o similar, son ejemplos de cómo los contactos adecuados en las logias apropiadas estimulan la camaleónica versatilidad de nuestros sabios dirigentes. 
Un sitio muy socorrido para que los políticos inútiles (valga la redundancia) o pasados de moda tengan un sustancioso retiro es en la hipertrofiada burocracia europea. Instituciones que nadie sabe muy bien para qué sirven, en las que nunca está claro quién ha elegido a sus barandas, son el refugio ideal para los deshechos de tienta de las políticas nacionales. 
De cuando en cuando, nos enteramos de la existencia de estos chiringuitos en la sección de noticias curiosas de algún telemagazine, cuando cuentan que alguna desconocida Universidad ha realizado un estudio sobre, por ejemplo, el tamaño medio del prepucio en los adolescentes vegetarianos y que ese estudio ha sido financiado por la Oficina Europea de Medidas Prepuciales, cuyo Comisario, Comisionado o Archipámpano es aquel político autonómico de medio pelo del que ya nadie se acuerda. Y al que su partido quitó de en medio cuando sus metidas de mano en la caja superaron lo habitual y razonable poniendo en peligro el negocio de todos. Así que a Bruselas a medir prepucios aunque, eso sí,  con un sueldo astronómico y unas dietas de maharajá. 
Otro sitio muy aparente para jubilarse es la ONU, ese entramado de agencias, covachas y organismos varios cuya principal función es justificar la política imperialista estadounidense y promover la globalización a sangre y fuego en los más apartados rincones del planeta.
En la ONU y sus franquicias, unescos y unicefes varias, hay una gran variedad de misiones subvencionadas: desde promover el aborto y la eutanasia como eficaces medios para controlar la superpoblación o declarar Patrimonio Inmaterial de la Humanidad a la más aberrante gilipollez, hasta pagarle los viajes a África a la estrella de rock de moda. Para que se haga fotos con los niños hambrientos como Embajador de Buena Voluntad y, de paso, promocione su último disco. Una casa de putas como la UE pero con menos vergüenza, vamos.
Es normal que haya sido la ONU la cochiquera elegida por Bibiana Aído, una de las principales comisarias políticas del integrismo feminiprogre, para abandonar la zozobrante nave zapaterina. Allí podrá entretenerse con sus congéneres en idear nuevas formas de discriminar a los varones y de promover el aborto, que es lo suyo.
Si la Aído ha terminado en la ONU, es inevitable especular sobre el futuro de los demás miembros y miembras de la ganadería Zetapé. ¿Qué será de Pepiño? ¿Ingresará en la RAE?. Y la Pajín ¿terminará en la NASA? ¿Serán ciertos los rumores sobre un capelo cardenalicio para José Bono?