miércoles, 15 de junio de 2011

La Guardia Civil busca ciberchivatos. Acusicas de la red ¡uníos!

En España, la secta progre se había limitado hasta hace poco a anatemizar a sus enemigos ideológicos inventándose una serie de palabros que pretenden la exclusión social de cualquiera que se oponga a sus dogmas. Así, si alguien se queja de la injusticia que supone que se discrimine a los españoles en su propia tierra frente a los inmigrantes, será acusado inmediatamente de xenófobo y racista. Al que se atreva a ofender remotamente la sensibilidad de un julandrón le acusarán de homófobo, si cede el asiento a una mujer será acusado de machista y así sucesivamente. Este miedo a ser considerado políticamente incorrecto ha sido reforzado con las diversas leyes zapaterianas que, elaboradas por las pajines, aídos y demás miembras de la Policía del Pensamiento rojiprogre, han empezado a convertir en delitos lo que hasta ahora no pasaban de ser comportamientos inapropiados. Ahora te pueden cascar una multa por requebrar a una maciza o por contar un chiste de maricones. Al final, de lo que se trata es de acojonar al personal.
Y es que el miedo se ha revelado como el mejor sistema de control social a lo largo de la Historia. Uno de los métodos más eficaces para mantener dominada a una población es el sistema de la denuncia anónima. Los regímenes comunistas han sido los que con más frecuencia y eficacia han utilizado, y todavía utilizan, este método. En la antigua URSS, cualquiera podía acusar a su vecino del terible delito de "no ser un buen comunista". Normalmente, el resultado de una denuncia así era el internamiento en un centro psiquiatrico o en el Gulag correspondiente. En la Cuba actual, este método está plenamente vigente y garantiza que cualquiera que critique la gerontocracia marxista pueda ser acusado de contrarrevolucionario, algo que en Cuba es peor que mentarte a la madre. Sobre todo por sus consecuencias legales.
El hecho de mantener el anonimato de los chotas favorece, por un lado, la proliferación de todo tipo de venganzas personales y revanchas y, por otro, sirve para realizar una selección natural inversa: normalmente son los sujetos más resentidos, rencorosos y acomplejados los que suelen engrosar las filas de los chivatos, acusicas y delatores en cualquier época y lugar.
Una espina que hasta ahora tenían clavada los diversos capitostes de la globalización obligatoria y del Nuevo Orden Mundial era su incapacidad para controlar totalmente Internet. A pesar de sus leyes mordaza y censuras de todo tipo, los sanedrines de la corrección política se habían mostrado incapaces de controlar a la red. Es cierto que, bajo el pretexto de perseguir delitos informáticos o redes de pederastas, las diversas policías han ido desarrollando servicios especializados en espiarnos a través de internet.
Ahora, algún rubalcabiano lameculos con tricornio ha tenido la brillante idea de montar una red de chivatos en internet  que, al más clásico estilo inquisitorial, velará por la ortodoxia y las buenas costumbres. Ya me estoy imaginando a la nutrida manada de menopaúsicas feminiprogres, rojicursis lectores del País, babeantes hidrófobos de la Memoria Histérica y demás ejemplares del rojerío patrio, presentando indignadas denuncias contra cualquier página que les huela de lejos a incorrección política.
Estos demócratas, que tanto airean su tolerancia y demás clichés fariseos son, al final, los más fervorosos partidarios de la caza de brujas cuando se trata de perseguir fascistas. Desde esta humilde bitácora que ya en otras ocasiones ha tenido el honor de ser criticada por la horda políticamente correcta, vaya mi más efusivo corte de mangas para todos los "ciudadanos responsables" que integren el nuevo sanedrín de inquisidores voluntarios. Un cariñoso recuerdo a sus muertos más frescos.