jueves, 2 de junio de 2011

Valle de los Caídos. Comisión para una infamia.


Cuando se intenta presentar una acción infame con el disfraz fariseo de la corrección política, la indignación por el atropello se refuerza con el asco ante la hipocresía. Es lo que está ocurriendo con el proyecto zapateril de convertir el Valle de los Caídos en un parque temático del revanchismo guerracivilista. 

Con la esperada inhibición del Pepé y de la Iglesia, el atropello histórico ha quedado como la última baza de Zetapé para mitigar el previsible descalabro electoral dándole carnaza a la izquierda más rencorosa y sectaria.
Se trata, mediante histriónicas lanzadas a moro muerto, de resucitar los viejos odios de los que se niegan a asumir su derrota de 1939. Si para ello tienen que destrozar una joya arquitectónica, profanar tumbas o tergiversar la Historia hasta la caricatura, pues se hace y en paz. 
Fieles a su estrategia de la división y el enfrentamiento como arma política, van a convertir un monumento dedicado a honrar la memoria de los españoles caídos en ambos bandos, en un trágala del resentimiento más vil. 
De la gentuza que, desde el Gobierno o la presunta oposición, maneja los destinos de España no se podía esperar otra cosa. Tampoco sorprende la inhibición de una jerarquía eclesiástica que, a cambio del plato de lentejas de las subvenciones y los conciertos económicos, está tragando con cosas como la Educación para la Zapatería o  la Ley de Eutanasia.
Lo peor es el recochineo con el que están cometiendo la tropelía. Con el pomposo nombre de Comisión de Expertos, una cuadrilla de pedantes resentidos, masones vergonzantes y marisabidillas correctamente progres van a intentar dar una apariencia de legitimidad al cobarde aquelarre de la revancha. 
La previsiblemente excrementicia conclusión de estos "expertos" sembrará los vientos para una cosecha de futuras tempestades ante las que, farisaicamente, serán los primeros en horrorizarse. Los hijoputas.