viernes, 29 de julio de 2011

De usureros y hambrunas. La democracia real.


(...)     Con usura,
pecado contra la naturaleza,
es tu pan para siempre harapiento,
seco como papel, sin trigo de montaña,
sin la fuerte harina.
(Ezra Pound, Cantar XLV)

Hay ideas que los grandes rabinos de la ortodoxia política, mediante décadas de lavado de cerebro a través de su oligopolio de los medios informativos, de la industria cinematográfica y de las grandes editoriales, han conseguido imprimir en la mente de la mayoría de la población.
Desde el liberal más egoísta y repelente hasta el perroflauta más hirsuto e "indignado" están convencidos de que la democracia es "el menos malo de los sistemas posibles". De que el orden mundial surgido en 1945 con la derrota del Eje es cojonudo. Tan cojonudo que hay que imponerlo a sangre y fuego a nivel mundial. Incluso a los que no lo quieren. Y es que los pobrecillos no se dan cuenta de que es por su bien.
Nunca he sido capaz de comprender por qué misteriosa razón una idea es mejor por el simple hecho de que haya mucha gente que la considere así. Siempre he creído que una gilipollez sigue siendo una gilipollez por muy numerosos que sean los gilipollas que la defiendan. Teniendo en cuenta que los gilipollas son siempre mayoría y que, contando con los medios de propaganda adecuados, la opinión pública es fácil de manipular, al final va a resultar que el maravilloso sistema tiene truco.
Algunos malpensados sospechamos que esta tramoya infecta está pensada para que unos cuantos listos se forren a nuestra costa y, además, siempre les debamos dinero. De que todos los cuentos sobre la libertad de mercado (única libertad que de verdad defienden los liberales) no son sino embelecos para que, además de ser esclavos, estemos encantados de serlo. El sueño de Rockefeller y de los diversos sanedrines bilderbergers, illuminatis y demás monipodios sionistas y globalizadores.
A los que creemos que la banca tiene que ser un instrumento al servicio de la producción nacional y no al revés como ahora, se nos perdona la vida con la sonrisa de suficiencia del enteradillo frente al ignorante. Cuando, además, decimos que lo mejor sería nacionalizarla, la sonrisa de suficiencia se transforma en una mueca de temor y desconfianza ante un posible trastorno psiquiátrico. Eso, aunque nuestro interlocutor sea uno de esos pequeñoburgueses especialmente irritantes que se autodefinen "de izquierdas".  
Teniendo en cuenta lo anterior, ya me parece oir las acusaciones de demagogia por parte de la habitual reata políticamente correcta cuando diga que me ha parecido muy significativa la coincidencia de dos noticias, a saber: la subida de sueldo del Consejo Supremo de Sanguijuelas o como diablos se llamen los gerifaltes del Santander, por un lado, y la enésima hambruna en África  por otro. A lo mejor son manías mías, pero estas cosas me siguen pareciendo inmorales. Raro que es uno.