martes, 26 de julio de 2011

El fin de una etapa.

El 29 de Octubre de 2007, saludábamos desde esta bitácora la fundación de un proyecto, el Frente Nacional,  que pretendía dar un nuevo impulso a la lucha política subsanando dos de los males endémicos de las llamadas "fuerzas nacionales": la atomización en multitud de siglas y el abuso de una estética rancia que gran parte de la sociedad percibe como trasnochada.
El Frente nació con la voluntad de ofrecer una imagen moderna de nuestra área política y de tender su mano a todos los grupos que quisieran unirse a este proyecto que a muchos nos pareció serio e ilusionante. Quizá no supimos hacerlo pero a fe que lo intentamos contra viento y marea.
No es éste el momento de relatar las zancadillas y pequeñas miserias que, desde el principio, pretendieron, por una parte, cargarse un proyecto que percibían como "competencia" y, por otra, aprovecharse de él para favorecer mezquinos intereses partidistas. Allá cada cual con su conciencia y con su moral de tenderete.
A los que apostamos en su momento por el Frente nos queda la satisfacción de haber empleado en la lucha mucho esfuerzo y energía mientras la mayoría de nuestros críticos reposaba en los sillones de sus casas.
Personalmente, estoy orgulloso de haber pertenecido a una organización en la que he tenido el honor y el privilegio de compartir militancia con los mejores camaradas que uno puede desear. 
Desde muy diversas sensibilidades políticas (falangistas, identitarios, franquistas, socialpatriotas...) la gente más generosa, mejor intencionada y honrada que he conocido se dejaba la piel en un combate ingrato impulsada solamente por su amor a España y su rechazo a un Sistema que está destrozando nuestra Patria en todos los ámbitos.
Lamentablemente, los resultados en estos años de lucha no han respondido a las expectativas iniciales. Ha llegado, por tanto, el momento de aparcar definitivamente este proyecto. El retirarse a tiempo también es un acto de servicio. No queríamos terminar como esos grupúsculos patéticos que se perpetúan indefinidamente por el terco afán de "sostenella y no enmendalla", afán que ha convertido nuestra área política en una sopa de letras plagada de "cabezas de ratón" y huérfana de "colas de león".
Pero que nadie se haga ilusiones: la experiencia nos ha hecho cambiar de armas y de estrategia, pero la batalla continúa. Los frentistas nos apostaremos en nuevas trincheras desde las que seguir hostigando a un enemigo que, aunque poderoso, no es invencible.
Salve et Victoria.