viernes, 1 de julio de 2011

SGAE. A la banda de Teddy le llega su San Martín.

Repasando las noticias de las últimas semanas, pareciera como si esa apoteosis del mundo al revés que llamamos democracia parlamentaria hubiera alcanzado su máximo apogeo: Hace muy poco veíamos como un criminal de guerra, Santiago Carrillo, era nombrado Hijo Predilecto de Gijón en lugar de ser ajusticiado públicamente como exige el más elemental sentido de la Justicia. También podíamos contemplar a los etarras sentándose en los sillones de la alcaldía de numerosos ayuntamientos en lugar de hacerlo junto al garrote vil como sería lo lógico.
Si sumamos a estos despropósitos casos como el del bar Faisán, en el que la Policía avisa a los criminales para que huyan, o la vergonzosa actuación de la Guardia Civil requisando banderas nacionales en el Valle de los Caídos en lugar de perseguir ikurriñas en Vascongadas como sería lo razonable, se tiene la sensación de que el disparate y la sinrazón han acabado con cualquier elemento de cordura en España.
Por eso, cuamdo la normalidad se convierte en una excepción, lo bien hecho en extraordinario y la sensatez en noticia, cualquier actuación que no sea un disparate nos llena de alegría. Es lo que ha ocurrido con la noticia de la detención del cabecilla de esa banda de extorsionadores llamada SGAE. Contemplar a los picoletos registrando el cubil de los rapaces inquisidores que se dedican a cobrar por la música de las bodas o a gravar con su impuesto revolucionario las funciones escolares produce una honda satisfacción. La banda que, para beneficio de anabelenes, sabinas y demás purrela,  nos roba cuando compramos un cedé en blanco,  parece que por fin comienza a ser tratada como se merece.
Aunque, conociendo el percal, es inevitable sospechar que esta actuación se limite a ser una simple operación de propaganda del Gobierno para intentar lavar su sucia jeta ante la proximidad de las elecciones. Es el mismo tufo electoralista que se percibía cuando la Audiencia Nacional investigaba hace poco al "capo di tutti capi" de la mafia parasitaria bancaria por fraude fiscal. Como si acabaran de enterarse, sorprendidos, de la  pasta que tienen  los banqueros en paraísos fiscales. O como si nunca hubieran sospechado que la banda de Teddy tuviera montado un chiringuito financiero con el producto de sus rapiñas. Cualquier día de éstos son capaces de descubrir que Bildu es -oh sorpresa- la ETA con otro nombre o incluso -quién lo hubiera dicho- que los políticos profesionales son una banda de embaucadores que sólo aspiran a mantener sus privilegios a nuestra costa.