martes, 5 de julio de 2011

Trinidad Jiménez y el voto de los moros.


Después de las declaraciones de Rubalcaba asegurando que tiene el secreto para crear empleo, los ministros del tardozapaterismo se esfuerzan por demostrar su eficacia y convencernos de que, ahora sí, son conscientes de los problemas de España y de que están preparados para resolverlos. El hecho de que la mayoría de esos problemas hayan sido provocados por su estupidez, ineptitud y mala intención es un detalle que eluden con donaire y salero. Las ministras de cuota son las que más se han esforzado por disimular su inutilidad.
Hace poco la ministra de Sanidad posaba en bikini para mostrarnos las desagradables consecuencias de una alimentación inadecuada. Ahora es la de Asuntos Exteriores la que ha sabido detectar una de las demandas populares más clamorosas y ha mostrado su disposición para satisfacerla.
Se trata, como habrán adivinado, de la urgente necesidad de que los moros puedan votar en las Elecciones Municipales. Es, como se puede apreciar, una medida muy inteligente y con una gran visión de futuro.
Teniendo en cuenta el grado de adaptación de la morisma a nuestras costumbres, su expansionismo religioso y su índice de natalidad comparado con el nuestro, el concederles el derecho al voto es la mejor manera para que, en un par de generaciones, podamos disfrutar de la conversión de España en un emirato. 
Aunque tengamos que soportar algún pequeño inconveniente como privarnos de los embutidos o tener que rezar de cara a la Meca cinco veces al día, las ventajas compensan de sobra. Por ejemplo, no habría que contemplar el careto de Mª Antonia Iglesias al ir cubierto por un burka. Teddy Bautista estaría, de momento, manco. La ley islámica, ya saben. El Día del Orgullo Gay dejaría de provocar molestias a los vecinos de Chueca. Se terminaría la polémica sobre el crucifijo en las aulas. O en algún otro sitio. Tampoco habría necesidad de preocuparnos por la soberanía sobre Ceuta y Melilla. O Canarias. Y así, sucesivamente.
Es de agradecer que ministras como la Trini, que en una apreciación superficial pudieran parecer gilipollas del culo, tengan en realidad una macrovisión tan astuta y previsora. Alá es grande.