viernes, 12 de agosto de 2011

La visita papal. Entre hideputas y borregos.

Mientras en la pérfida Albión están entretenidos gozando de las consecuencias de la multiculturalidad y la inmigración masiva, aquí nos aburrimos entre las noticias económicas cada vez más negras y los preparativos para la visita del Papa, única diversión  digna de mención esperada como agua de mayo por la perroflautada autóctona para dar rienda suelta a sus fobias y complejos antirreligiosos. Una forma de disimular el fracaso de la Operación 15-M.
Con la tolerancia y moderación que caracteriza a todos los demócratas, las diversas cuadrillas de quemaiglesias, matacuras, nostálgicos de checa, lesbianas de pelo en pecho, progres profesionales, maricones resentidos y demás fauna, difunden sus ocurrentes mensajes, sus chistes blasfemos y su odio revenido con el aplauso entusiasta del declinante gobierno zapaterino, raudo en autorizar las manifestaciones "antiPapa" y demás festejos de la mugre ideológica.
El ecuménico rebaño, por su parte, reacciona con la gallardía de costumbre, mirando hacia otro lado. Siempre me he preguntado dónde se esconden los cientos de miles de arcangélicos meapilas cuando los guarros profanan capillas universitarias o cuando algún "artista" hijoputesco exhibe la habitual y subvencionada exposición de imágenes blasfemas, tan del gusto de la progresía.  
 Quizá los entusiastas muchachos de la JMJ deberían preguntarse por qué la escoria progre no tiene huevos para cachondearse del Islam. A lo mejor es porque la morisma no admite bromas con su religión. O porque el Islam no fue castrado por ningún Concilio Vaticano Segundo, quién sabe. En fin, doctores (y complejos) tiene la Iglesia. Ellos sabrán.