domingo, 11 de septiembre de 2011

11 de Septiembre. La mentira y la náusea.

Siguiendo con la moda de declarar "día internacional" de cualquier gilipollez a cualquier fecha en una especie de santoral giliprogre y políticamente correcto, al 11 de Septiembre habría que declararlo "Día Internacional de la manipulación y el engaño", "Día Internacional de los Soplapollas" o "Diada de la Bajada de Calzones". Algo así.
Porque, vamos a ver, si nos fijamos en la más conocida efeméride de esta fecha, la del atentado a las Torres Gemelas, hay que tener una credulidad de parvulario para tragarse la versión oficial: un iluminado islamista, enfermo y perseguido por la misma CIA que antaño lo entrenó, es capaz de organizar ese pifostio desde unas lejanas montañas de Afganistán, sin que las numerosas agencias de espionaje y control del Gran Hermano U$A se huelan remotamente la tostada. El que el atentado fuera el pretexto idóneo para justificar unas guerras patrocinadas por las grandes terminales del Nuevo Orden Mundial es algo irrelevante. El hecho de que el magnate judío Larry Silverstein suscribiera un seguro sobre la posibilidad de un doble atentado a las Torres seis semanas antes es también producto de la casualidad. Hay gente con una intuición sobrehumana, ya se sabe.
Igual que es conocida la habilidad del imperio yanqui para fabricar atentados de bandera falsa y "casus belli" de diseño cada vez que le ha interesado: desde el hundimiento del "Maine", hasta el incidente del golfo de Tonkin pasando por el ataque a Pearl Harbor. En fin, los yanquis, con sus pompas y sus obras a la mayor gloria del capital judío.
Pero lo que más revuelve el estómago en esta malhadada fecha es el aquelarre antiespañol que celebran los separatistas catalanes con el nombre de Diada "Nacional" de Cataluña. Resulta que un episodio de la Guerra de Sucesión en la que el pueblo de Barcelona se pronunció a favor del aspirante legítimo al trono de España alzándose en armas contra el usurpador borbónico, ha sido deformado, tergiversado y reescrito por la pandilla separatista.
No importa que la gente se alzase contra el franchute al grito de ¡Por España y por el Rey!  Es un detalle sin importancia. Lo importante es que un oscuro episodio en una guerra de sucesión del siglo XVIII se ha convertido, por obra y gracia de la manipulación histórica, en el pretexto institucional para hacer alarde público de odio a España y para justificar la hijoputesca cleptocracia que ha convertido esta región española en el cortijo particular de unas pocas familias de la burguesía separatista.
Todo ello con la entusiasta connivencia de los mal llamados "partidos nacionales" en el colmo del papanatismo más obsceno.
Ante la coincidencia en el calendario del atentado a las Torres y de la charlotada separatista, es difícil evitar las asociaciones de ideas y no soñar con un avión repleto de burócratas apesebrados en la Generalidad, políticos profesionales de todos los colores y periodistas paniaguados, estrellándose contra la sede central de La Caixa (o monipodio similar) mientras el acontecimiento es retransmitido en directo por alguna de las sectarias televisiones autonómicas entre el júbilo general.