lunes, 5 de septiembre de 2011

Moratinos: el adiós de un personaje irrepetible.

De nada han servido los ruegos de sus miles de fans, ni las lágrimas de sus compañeros de partido. La decisión es irrevocable. Moratinos no irá en las listas del PSOE. Su ausencia deja un hueco que será imposible llenar. El hombre que dedicó su vida a la noble tarea de hacernos reir ya no nos deleitará con sus ocurrencias y sus originales payasadas.
Todos recordamos uno de sus gags más geniales cuando interpretaba, con esa gracia suya mezcla de ingenuidad y de campechanía, un farfullante discurso en una ignota lengua africana. Hasta los más siesos componentes del cuerpo diplomático fueron incapaces de reprimir las carcajadas. O cuando se disfrazó de Rey Baltasar pasado de copas. O contando uno de los mejores chistes de la década, cuando dijo que tenía la solución para el problema de Oriente Medio, algo que todavía recuerdan con regocijo los palestinos de Gaza, reprimiendo la risa para que no se les suelten los puntos de las heridas por la metralla sionista.
Y es que sólo los grandes tienen esa vis cómica. Es cierto que en el circo de la democracia no faltan los payasos. Todos nos hemos reído con los traspiés grotescos del borbón, con Zetapé imitando a Mr. Bean, con el bamboleante trote de Fraga  o con el sibilante y cantinflesco discurso de Rajoy. A todos nos han hecho gracia las macarradas iletradas de la Aído o la obesa ramplonería de la Pajín. Pero provocar el descojone total y descacharrante sólo está en la mano de los genios como Moratinos.
Y es que, a pesar de la incomprensión de algunos aguafiestas, el nombre de Moratinos pasará a la Historia del Humor junto a los grandes como Cañita Brava o Jaimito Borromeo.