miércoles, 14 de septiembre de 2011

Persecución de la lengua española en Cataluña. Castrados y castradores.

Un siniestro aquelarre antiespañol, a medio camino entre lo surrealista y lo sórdido, se ha montado a cuenta de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, estableciendo que el español sea lengua vehicular en la enseñanza.

La cleptocracia separatista ha movilizado a su jauría de catetos paniaguados para hacer un alarde chulesco de desobediencia judicial y para mantener la persecución lingüística al idioma español. Lo que en cualquier país sería algo perogrullesco, a saber, que los escolares españoles reciban las clases en español en una región española, es algo que ha indignado a esta casta parasitaria que hace de la manipulación histórica y del aldeanismo un modo de vida. Hablando de corruptos, no podía faltar en el vergonzoso circo el zapaterismo en pleno apoyando la discriminación de nuestra lengua común.
En una actuación que aborchonaría a los caciques de la república bananera más podrida, la Ministra de Defensa también ha aconsejado la desobediencia a la sentencia. Es la misma Ministra que en las celebraciones secesionistas del 11 de Septiembre se sintió ofendida por la presencia de la Bandera Nacional.
Alguien debería recordarles a ciertos "castrati" con uniforme que por encima de la disciplina está el honor.
Por su parte el Pepé, fiel a su estilo pusilánime, no ha pasado de esgrimir prosaicas razones utilitaristas para defender lo establecido en la sentencia. Que si el no saber español resta posibilidades profesionales, que si un idioma que hablan tantos millones, que si tal y que si cual. Cualquiera de las peperas razones podría servir para establecer en nuestras escuelas como lengua vehicular el chino mandarín. Ninguna razón que pudiera hacer a los peperos sospechosos de patriotismo, esa cosa tan facha.  
La nota especialmente vomitiva la pone, como siempre, la jerarquía eclesiástica. Los obispos catalanes apoyan oficialmente la proscripción de la lengua española. La chusma con episcopales arreos, como sus congéneres vascos, rocía con agua bendita cualquier ataque a España. Estos marrajos con mitra son dignos sucesores del clericalismo decimonónico más provinciano y  caciquil. La muy eclesiástica costumbre de nuestro clero, consistente en arrimarse al sol que más calienta, encuentra su paradigma en estos curas de aldea venidos a más. Y vendidos a Mas.
Al ver ciertas actuaciones de la clerigalla, hay días que dan ganas de hacerse budista.