lunes, 17 de octubre de 2011

15-O. El desfile de los mamporreros.

El pasado sábado hemos podido contemplar una colorida exhibición de rebeldía políticamente correcta. Por las calles de Madrid ha desfilado una abigarrada masa de perroflautas malolientes (valga la redundancia), jubilados nostálgicos de la cheka, maricones encrespados, cerdos proetarras, feministas hirsutas, hijos de papá intentando hacerse perdonar su condición a base de mugre, tontos útiles y resentidos de todo pelaje. 
Mucha "rasta", mucha cresta multicolor y poco aseo. Todo ello aderezado con la habitual exhibición de trapos tricolores de la Segunda República, hoces y martillos, caretos del Che y de Lenin, banderas arcoiris del lobby julandrón y demás parafernalia reglamentaria en toda manifestación de guarros que se precie.
Lo más chusco ha sido ver junto a los feroces enemigos (en teoría) del Sistema, a una nutrida representación de "liberados" y apesebrados de los sindicatos pancistas. 
La romería, convocada a nivel global por no se sabe quién, tenía un aire decadente a medio camino entre un desfile del Orgullo Gay, un 1º de mayo en la Plaza Roja y una excursión del IMSERSO. La Policía, naturalmente, tenía órdenes expresas de no incomodar lo más mínimo a la variopinta fauna.
Esta feria de "indignados" y "rebeldes ma non troppo" no pasaría de ser un espectáculo patético y grotesco si no fuera por el fin nauseabundo para el que fue creada: desactivar el legítimo desencanto de una juventud española sin futuro y canalizar el descontento de miles de españoles hacia los sucios y apolillados esquemas del anarco-marxismo más resentido a la mayor gloria de su hebraico hermano liberalcapitalista. 
Décadas de adoctrinamiento progre han hecho que mucha gente asocie rebelión con sentimiento antinacional. Sin darse cuenta de que los principales enemigos de las naciones son los poderes económicos transnacionales a los que creen combatir. 
El dogma relativista grabado por saturación en el imaginario colectivo les hace  arremeter con saña contra la Patria y contra la religión pese a que la falta de valores es el principal aliado del consumismo capitalista al que dicen oponerse.
Décadas de pacifismo subliminal en los espectáculos, libros de texto, películas e incluso en la publicidad, les hace renegar de cualquier manifestación castrense. Sin percatarse de que precisamente el espíritu de milicia y la vocación de heroísmo son los valores opuestos a la podrida sociedad de esclavos/consumidores sumisos que nos impone el Nuevo Orden Mundial del paradigma neocon. 
Este pacifismo de pastaflora ha calado incluso en el Ejército, que camufla con una imagen de oenegé políticamente correcta su condición de tropa auxiliar del imperialismo anglo-sionista.  
Lo más lamentable de este lavado de cerebro colectivo es que, a pesar de su pretendido antagonismo, un perroflauta de rasta y botellón, un político de sueldazo y coche oficial, y un militar de tragadera amplia y genuflexión fácil, comparten una misma dogmática que les hace considerar como Verdades Incuestionables los falaces y farisaicos principios de la democracia. 
Cualquiera de los especímenes citados considera el término "fascista" como el peor de los insultos y la suma de todos los males. 
Al menos nos dan pistas sobre lo único que puede acabar con la usurocracia globalizadora.