sábado, 29 de octubre de 2011

29 de Octubre. Las viejas banderas.

Hay fechas que son un puñetazo en la boca del estómago de la conciencia nacional. Nos recuerdan a quienes, incluso al precio de su propia vida, supieron poner por encima de sus intereses personales, el amor a la Patria y a la Justicia. Contraste brutal con la piara de políticos de nómina y subvención que ahora se disputan las piltrafas hediondas de lo que un día fue la primera Nación de Europa. 

Hoy es una de esas fechas. Hace setenta y ocho años José Antonio fundaba la Falange. Una luz de futuro y grandeza en medio de las tinieblas de otra Época Oscura como la que ahora padecemos. Y hace setenta y cinco años que las balas marxistas segaron la vida fecunda de Ramiro Ledesma Ramos, creador del Nacional-Sindicalismo. Ramiro, el más brillante intelectual español del siglo XX.
Cuando esta mañana asistía a la concentración que las víctimas del separatismo criminal han celebrado en Madrid ante la indiferencia vergonzante de los partidos de un Sistema corrupto y traidor, era inevitable recordar  el ejemplo de unos hombres que murieron por atreverse a soñar una España muy distinta al zoco de mezquindad y podredumbre en que la partitocracia parlamentaria ha convertido a nuestra Patria.
Una España en la que los asesinos separatistas jamás hubieran alcanzado el rango de interlocutores políticos. Una España nueva, unida, joven y revolucionaria, sin reaccionarias derechas antisociales ni resentidas izquierdas antinacionales. José Antonio y Ramiro quizá murieron por una sociedad que no se merecía ese sacrificio. No importa.
Los que, desde diversas trincheras, seguimos enarbolando las viejas banderas que ahora son, no ya necesarias, sino imprescindibles, no lo hacemos por el rebaño adormecido y egoísta de esta sociedad podrida, sino para que el sacrificio de nuestros fundadores y la lucha de nuestros camaradas no haya sido baldía. Y es que, precisamente, amamos a España porque no nos gusta.