viernes, 7 de octubre de 2011

Octubre. Memoria y esperanza.

Octubre es un mes reconfortante. Aunque el excesivo culto a las efemérides puede degenerar en cierta necrofilia estéril, hay ocasiones en que recordar lo que fuimos y lo que hicimos es un contrapunto necesario para evitar la depresión viendo en lo que nos han convertido.
Y es que en Octubre, los que nos negamos a que nos emborronen la memoria, recordamos tres momentos cruciales de nuestra Historia.
El 7 de Octubre de 1571, España derrotaba al turco en Lepanto. Don Juan de Austria capitaneó la flota que humilló el orgullo mahometano en el Mediterráneo. Si alguno de los héroes que cayeron en aquella batalla levantara la cabeza y contemplara esta España infestada de moros y pujante de mezquitas, posiblemente correría a alabardazos a la escoria de políticos, mercaderes, imbéciles e hideputas que han contribuido con su mezquindad, resentimiento y estupidez a convertir un Imperio en el que no se ponía el sol en el actual monipodio de taifas.
El 12 de Octubre de 1492, Colón descubría un continente a conquistar. El mismo año en que España culminaba la Reconquista expulsando al invasor musulmán de su último reducto en Granada y se sacudía las sanguijuelas expulsando a los judíos, la gesta de Cristóbal Colón abría un nuevo horizonte de grandeza para nuestra Patria.
Titanes como Pizarro, Cortés o Almagro supieron forjar un Imperio a base de valor y ambición combatiendo contra fuerzas muy superiores y llevando la Civilización a pueblos de costumbres brutales. Pueblos a los que ennoblecieron mejorando su estirpe con la generosa aportación de la sangre española. Sangre fecunda que hizo que en muchos rincones de Hispanoamérica se siga agradeciendo esta aportación llamando al 12 de Octubre, Día de la Raza. Aunque rabien los acomplejados y pusilánimes lamelibranquios de la corrección política.
La tercera fecha es la más emotiva y esperanzadora porque no recuerda la grandeza de los siglos de esplendor, sino nuestra capacidad de regeneración y rebeldía en tiempos oscuros. Y es que el 29 de Octubre de 1933, un acto político en el Teatro de la Comedia de Madrid alzaba una bandera de Revolución Nacional en medio del triste y siniestro apogeo de la Segunda República. Se fundaba la Falange Española.
No voy a enumerar las diversas tergiversaciones, intrigas, escisiones y adulteración que han conducido a los diversos grupos herederos de la doctrina nacionalsindicalista a la atomización y el desconcierto. Ni es el momento ni el lugar para enfangarse en polémicas estériles. Con la que está cayendo sería estúpido seguir alimentando una guerra de trapos sucios que sólo beneficia al Sistema al que combatimos.
Lo que eleva el ánimo al recordar el 29 de Octubre es el ejemplo de una juventud revolucionaria que, en muchos casos, pagó con su vida el enfrentarse al mezquino egoísmo de la derecha y a la demagogia resentida de la izquierda. Una juventud que, como sus camaradas del resto de Europa, mostró al mundo una alternativa rebelde, juvenil y heroica frente al materialismo decadente en su doble vertiente marxista y capitalista.
Un ejemplo que nos recuerda que el enemigo, aunque poderoso, no es invencible. Y eso, qué quieren que les diga, anima bastante.