domingo, 23 de octubre de 2011

Receta: Liberación libia a la otanesca sobre un crujiente de manipulación mediática.

Ingredientes:
  • Un país poco maleable al Nuevo Orden Mundial (Lo ideal sería Irán, pero como su precio es todavía prohibitivo, utilizaremos Libia)
  • Una alianza militar al servicio del imperialismo yanquisionista. En este caso, usaremos la OTAN, aunque, si no tenemos este ingrediente a mano, se puede sustituir por algún sucedáneo como los Cascos Azules de la ONU.
  • Cinco o más agencias de noticias maceradas en dólares.
  • Dos o tres países satélites de primera categoría tipo Francia y unos cuantos satélites de segunda clase como España y similares.
  • Una guarnición abundante de delincuentes comunes, políticos corruptos, mercenarios y lumpen integrista para la salsa.

Realización:
  1. Cogemos al líder libio y lo ponemos a parir hasta que dé el primer hervor. Lo ideal es que pase de aliado de Occidente a tirano sanguinario de forma gradual. Para ello utilizaremos una campaña de prensa de intensidad controlada, que iremos aumentando hasta que alcance una buena temperatura.
  2. Mientras se cuece la opinión pública, mezclamos los delincuentes comunes, los mercenarios, los violadores y los integristas islámicos para hacer la fuerza rebelde que se alzará en armas contra el tirano. Para darle la textura adecuada hay que tamizar la mezcla mediante varios agentes de la CIA que sobornen a unos cuantos políticos corruptos. A partir de este momento, es importante que a la cuadrilla de mercenarios y delincuentes la llamemos con unas siglas atractivas, como por ejemplo CNT (Consejo Nacional de Transición). Una buena presentación es fundamental en cualquier receta que se precie.
  3. Armamos hasta los dientes a la cuadrilla de bandidos para que masacren a los libios leales,a los que a partir de ahora llamaremos "mercenarios al servicio del tirano". Para compensar la falta de valor en combate de nuestra fuerza rebelde, batimos las posiciones enemigas (y cuando digo posiciones enemigas quiero decir población civil) con abundantes bombardeos aéreos de la OTAN. No importa si se nos va la mano en esta operación porque para eso tenemos las agencias de prensa que hemos reservado antes. Los países satélites también pueden sernos de gran utilidad para disimular el olor de los cadáveres.
  4. Por último, asesinamos al Presidente, al que hemos convertido en tirano, de una forma cobarde y sangrienta para que la receta tenga un efecto laxante entre nuestros enemigos potenciales.
Este plato se puede presentar acompañado de moralina acerca del lujo indecente en que vivía el tirano, mediante fotos de chalets ostentosos, palacios y similares, que luego aprovecharemos para instalar en ellos a nuestro gobierno títere.