sábado, 14 de abril de 2012

Borbones, trompas y aniversarios.

Gracias a una inoportuna fractura de cadera nos hemos podido enterar de la forma en que el campechano y perjuro monarca conmemoraba el LXXXI Aniversario de la salida por patas de su ilustre abuelo. Lo hacía, como suele ser costumbre en esa familia, persiguiendo una trompa.

Lo malo es que esta vez, en lugar de la metáfora castiza, se trataba del apéndice proboscidio de un elefante africano en un safari en Bostwana con cargo al Presupuesto.
Se supone que nuestro Jefe de Estado, ante la aburrida situación política de España, fruto de la prosperidad y pujanza alcanzadas por nuestra Patria gracias a su sabio reinado, había decidido relajarse, como cualquier españolito de a pie, matando unos cuantos elefantes antes del aperitivo. Y como quedaba feo agredir a los paquidermos que residen en el Zoo de la Casa de Campo, se ha ido a una reserva africana. Suponemos que rodeado del habitual séquito de aduladores borrachines, empresarios corruptos, politiquillos trepas, militares lamelibranquios y asistentes personales que forman su divertida pandilla. Será por dinero.
Pero hasta los más avezados estadistas pueden tener un momento de flaqueza. Y movido tal vez por la melancolía y las preocupaciones familiares, se excedió otra vez con el Johnnie Walker. Quizá pensando en el abuelo Alfonso, que tal día como hoy abandonó de forma poco lucida el trono de España. O quizá pensando en su nieto Froilán, que ya empieza a demostrar que es tan inteligente como su abuelo. O quizá en Urdanga, el yerno indiscreto.Y es que el Johnnie Walker, que tanto gustaba a papá y a mamá, es traicionero y, a ciertas edades, no conviene abusar.