lunes, 9 de abril de 2012

Inmigración, Sanidad y complejos.

Se veía venir. Ahora resulta que el Gobierno se ha dado cuenta de que la Sanidad Pública está sobrecargada. Décadas de "papeles para todos", "reagrupamientos familiares" y demás barbaridades es lo que tienen. Como era de esperar, en lugar de repatriaciones masivas, lo que van a hacer nuestros sabios gobernantes es cobrar por la Sanidad. Cobrar a los españoles, claro. No les vayan a acusar de racistas si cobran a los que han abusado de nuestro sistema sanitario, colapsándolo. Así, ya de paso, se va viendo la forma de privatizar algo que es (que era) de todos los españoles.
Del acomplejado y pusilánime rebaño pepero tampoco es que se pudiese esperar otra cosa. La derecha española, para compensar ante el sanedrín de lo políticamente correcto su sumisión servil a los lobbys usurócratas, hace suyos todos los dogmas giliprogres. Cada vez es más difícil distinguir el discurso de un pepero del de un pesoero. Además de la cursilería e incultura endémicas en nuestra casta parasitaria, el mensaje es, en ambos casos, igual de ñoño, demagógico y soplapollas. Todos los clichés impuestos por las diversas sectas de la dogmática progre (feministas hirsutas, multiculturalistas resentidos, racistas antiblancos, ecologilis, etc...) son asumidos alegremente por la nueva hornada de beneficiarios del erario.
Así, por ejemplo,  peperos y pesoeros evitan con el mismo cuidado decir "España" para referirse a nuestra Patria y dicen "Estepaís" como cualquier asilvestrado y cejijunto militante de Izquierda Unida. Alguno hay que dice "Estado español" como los "convergentes" y "aberchales" más hideputas. Todo sea por no enojar a la gentuza separatista  a la que, pese a la mayoría absoluta que detentan, los rajoyanos se desviven por halagar, ellos sabrán por qué. 
Cualquier españolito de a pie ha vivido la situación de encontrarse, en la sala de espera de un hospital, como el único rostro pálido entre una abigarrada multitud de negros, moros y amerindios. La experiencia puede que sea multiculturalmente enriquecedora, pero es también económicamente cabreante si uno se pone a pensar que la asistencia sanitaria de esa ONU en miniatura, corre a cargo del bolsillo del solitario españolito. A pesar de lo evidente de la relación entre inmigración y colapso de la Sanidad, todos los medios de comunicación ponen un exquisito cuidado en silenciar este asunto. Igual que la relación más que evidente entre inmigración y delincuencia (véase el porcentaje de presos extranjeros en nuestras cárceles). O la discriminación que sufren los españoles frente a los extranjeros a la hora de acceder a cualquier ayuda social, vivienda protegida o beca de comedor.
En los medios de comunicación, desde las intereconomías más carcas hasta las sextas más rojizas, se ha impuesto un férreo sistema de autocensura y de tabúes innombrables que convierten cualquier telediario en una colección de publirreportajes a medio camino entre lo grotesco, lo surrealista y lo memo. En esto, como en tantas cosas, se cumple la sabia sentencia castiza: Rajoy y Zetapé, la misma mierda es.