martes, 1 de mayo de 2012

Cocougeteros. La vacuna contra la insurrección nacional.

Confundir con sindicalistas a las aborregadas huestes de paniaguados que han desfilado hoy por nuestras calles pastoreados por la habitual cleptocracia de burócratas corruptos es un error todavía muy común.
A pesar de lo que pudiera parecer, en España hay una preocupante escasez de sindicalistas. Ahora, cuando la rapiña burocrática esquilma nuestros bolsillos, cuando la crisis provocada por el capìtalismo es el pretexto que el propio capitalismo esgrime para convertirnos en esclavos de la Usura, cuando los esbirros de la globalización han invadido nuestra Patria con inmigrantes para sobrecargar nuestros servicios públicos y así tener un pretexto para privatizarlos, cuando el liberalismo más salvaje se ha quitado la careta, apenas queda rastro de sindicalismo.
Precisamente, la abigarrada y pintoresca recua de cocougeteros que corea los consabidos pareados y consignas facilonas es exactamente lo contrario del sindicalismo.
La ubicuidad de esa neolengua infecta llamada lenguaje políticamente correcto ha hecho, sin embargo, que cuando en los altavoces mediáticos de derecha e izquierda se habla de sindicalismo, se piense todavía en esta fauna adocenada.
Si los sindicalistas asesinados por la Usura en Chicago el 1 de mayo de 1886 por reclamar la jornada de ocho horas levantaran la cabeza y vieran la romería infecta en la que estos pájaros han convertido el aniversario de su martirio, seguramente echarían la pota. 
Pero es lo que hay. De igual forma que, en Medicina, se inoculan gérmenes desactivados para generar defensas contra los auténticos, el Sistema crea sucedáneos deleznables de presunta contestación social para provocar rechazo a cualquier clase de insurrección contra el orden establecido. Una vacuna contra la Revolución.
Es lo que ocurrió con el llamado Movimiento 15-M. Lo que inicialmente parecía un movimiento de sana rebelión contra la gilipollicracia, en seguida fue controlado, tergiversado y manipulado por los habituales mamporreros de la extrema izquierda, siempre tan útiles a la dictadura del Pensamiento Único. Envolviendo en su casposa y mugrienta estética las mismas consignas del Sistema al que dicen combatir (multiculturalismo, igualitarismo, dogmática "de género" y demás basura ideológica), provocaron el lógico rechazo de la mayoría de los españoles ante lo que se había convertido en una romería de perroflautas, antifascistas, vagos profesionales, feministas hirsutas y piojosos en general. 
Con la charanga subvencionada de CCOO y UGT ocurre algo parecido. El trabajador español, a pesar de  ser sodomizado a diario por un Sistema injusto, mendaz e inmoral, soporta el enculamiento con paciencia y temor. Gran parte de este desencanto y resignación tiene su causa en la comprobación de la inutilidad y falta de voluntad por parte de los sindicatos oficiales para defender a los trabajadores.
Y es que hasta el obrero más garrulo se va dando cuenta de que los intereses defendidos por estas burocracias paralelas tienen más que ver con bastardos intereses partidistas y clientelares que con la reivindicación de la Justicia Social.