En el cada vez más deprimente panorama informativo, ya se han convertido en habituales las noticias sobre la crisis que todo lo impregna. Los drásticos recortes en todo lo que no sea la mamandurria de la casta parasitaria, el aumento del paro, la rapiña de los banqueros o la corrupción de los políticos tiñen diariamente de pesimismo las cabeceras de los principales medios de (des)información. Es como si con esta saturación de desánimo nos quisieran inculcar una suerte de resignación ante lo inevitable.
A pesar de esta cotidiana constatación del fracaso de la democracia, siguen vendiéndonos la idea de que éste es "el menos malo de los sistemas posibles". Una de las muchas mentiras que los voceros de lo políticamente correcto repiten para convertirla en verdad indiscutible. Algunos, los más lelos, puede que incluso se la crean.
Es, por eso, doblemente esperanzador el resultado del movimiento político Amanecer Dorado en Grecia. Obtener veintiún diputados a pesar de la constante campaña de desinformación y difamación desde los medios biempensantes tiene un gran mérito y es la prueba de que el Sistema, aunque fuerte, no es invencible.
Aún sin analizar a fondo los pormenores ideológicos de la formación patriota griega, basta con contemplar el nerviosismo histérico que el ascenso de Amanecer Dorado ha provocado entre los medios de las diversas obediencias mojigatocráticas para constatar que, sin duda, estamos ante un hito decisivo en el despertar de una Europa narcotizada por la propaganda de la Usurocracia.
Es significativo que sea Grecia, campo de batalla en los últimos meses entre el liberalismo más salvaje y la izquierda más violenta y demagógica, la nación europea que, sin complejos, abogue por una tercera vía patriota y revolucionaria frente a las artificiosas alternativas "oficiales".
Ahora sólo queda desear que los patriotas griegos consigan sobrevivir a los medios que los demócratas y tolerantes suelen emplear cuando sus campañas de desprestigio fracasan. Y es que los asesinatos de Jörg Haider o Pim Fortuyn nos recuerdan constantemente las auténticas reglas del "juego democrático".

1 comentario:
En general siento simpatía hacia las posiciones de tercera vía. Revisando el programa económico de Michaloliakos no he podido menos que emocionarme al ver cómo propuestas tan sociales, avanzadas y equitativas, que apuestan por lo público y por poner coto a las oligarquías bancarias, han podido encontrar su espacio en el parlamento de un país europeo. También me seduce su visión del liderazgo y su sólida postura contra la Unión europea y la OTAN, y entiendo legítimas sus reivindicaciones soberanistas respecto a Chipre y Macedonia, así como su defensa de Grecia frente a la colonización financiera de las multinacionales. Valoro asimismo de forma positiva su afinidad y su cooperación con los patriotas serbios y su actitud firme frente a los turcos y los musulmanes en Europa.
Sin embargo no me agrada su mensaje abiertamente racista, inconcebible para mí en el pueblo heleno, que les lleva a proclamar en sus estatutos que solo podrán ser afiliados “los arios de sangre y de origen griego”. Su exaltación de la “raza helenística” repugna mis más íntimos sentimientos católicos, y tampoco me da buen yuyu su paganismo (algunos de ellos adoran a los dioses clásicos griegos). En los últimos tiempos han reconocido “la importancia nacional” de la Iglesia Ortodoxa Griega, pero su postura hacia el Cristianismo me parece meramente identitaria.
De igual modo, me escama la más que presunta implicación de varios de sus miembros en atentados terroristas.
Con su permiso, Ramiro, dejo el enlace de mi entrada sobre Amanecer Dorado, en la que ha participado usted con interesantes comentarios.
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