viernes, 29 de junio de 2012

El combate del siglo.

No hay nada como los remedios tradicionales. La receta del Pan y Circo, por ejemplo, sigue demostrando su eficacia en momentos de crisis. Aunque haya cada vez menos Pan y el Circo sea más cutre, con los leones famélicos, los malabaristas artríticos y los payasos sin gracia. 
Ya no se trata sólo de la utilización de los éxitos deportivos como anestésico social. Es notorio que la Final de la Eurocopa se ha convertido en el tema de conversación más frecuente en las colas del INEM, en la sobremesa de los comedores de Cáritas o mientras esperamos a que el banco nos quite la casa.
Incluso la manipulación sectaria del lenguaje es asumida alegremente por cada vez más ciudadanos soberanos: el machaconeo publicitario de las diversas empresas patrocinadoras de la cosa futbolística hace que muchos españoles empiecen a hablar de "la roja" con el mismo entusiasmo que si fueran primos de Pilar Rahola, barberos de María Antonia Iglesias o nietos de la Pasionaria. Además, la exaltación deportiva es una eficaz válvula de escape para los sentimientos patrióticos. 
En vista de que, a pesar de la sobredosis de corrección política, relativismo y antipatriotismo que los Mass Mierda inyectan en la opinión pública, a los españoles nos sigue gustando enarbolar nuestra Bandera, el Sistema ha optado por encauzar ese sentimiento hacia el hooliganismo dominguero. Se trata de que la exhibición de símbolos patrios se asocie exclusivamente al deporte en un sucedáneo de patriotismo inofensivo para el orden establecido. Al españolito se le condiciona con un mensaje muy simple: bandera en el deporte, bien; bandera en política, cosa de fachas. Caca. 
Lo malo es que el domingo acaba la Eurocopa y hay que ir pensando en tener entretenido al personal con otra cosa, no vaya a ser que le dé por pensar y termine cortándole las gónadas a políticos, banqueros, monarcas y demás delincuentes habituales.
Por fortuna, nuestros sabios gobernantes lo tienen todo previsto. Inspirándose en el espíritu de la lucha libre mejicana, han ideado una serie de enfrentamientos de mentirijillas en los que el colorido, las máscaras y el aspaviento dotan de atractivo al espectáculo a falta de auténtico combate. También el pintoresquismo en los  nombres de los púgiles es un factor importante a la hora de despertar el interés del público. Apodos como El Tigre de Guanajuato o el Carnicero Enmascarado añaden morbo al asunto.
La experiencia piloto en este nuevo entretenimiento se ha desarrollado en la Universidad Católica de Ávila con un enfrentamiento entre Zapatero y el Cardenal Cañizares que ha despertado el entusiasmo de la afición.  Y eso a pesar de que no se ha incidido en lo de los apodos extravagantes. Podrían haber presentado la función como el Vengador Ensotanado contra el Cabrón con Pintas o así y la cosa hubiera ganado bastante. 
Se rumorea que, una vez que acabe la Eurocopa, se programarán nuevos combates entre personajes más o menos célebres para llenar el vacío estival. Belén Esteban contra Letizia Ortiz o Melendi contra Soraya Sáenz de Santamaría prometen ser especialmente interesantes.