jueves, 14 de junio de 2012

España bipolar y Nuevo Orden Mundial.

Cuentan las crónicas que el día en que la escuadra española fue hundida por la yanqui en 1898 frente a las costas de Cuba, los madrileños fueron alegremente a los toros, indiferentes al Desastre que ponía fin a nuestro Imperio y culminaba el proceso de decadencia y degeneración de nuestra Nación. 
Esta actitud inconsciente, frívola y estúpida contrasta con el comportamiento heroico, viril y, en cierto modo, quijotesco de los soldados que en la Provincia de Nueva Écija, en la Costa Este de Filipinas, se negaron a arriar la Bandera Nacional y resistieron en el Fuerte de Baler a los insurgentes filipinos desde el 30 de Abril de 1898 hasta el 2 de Junio de 1899. Estos héroes pasarían a la Historia con el glorioso nombre de "los últimos de Filipinas".
Cada vez que un revés histórico ha castigado nuestra Patria, ha hecho su aparición este contraste de luz y sombra del alma española.
 En la invasión sarracena, la traición del Conde don Julián o de los hijos de Witiza frente a la resistencia guerrillera de Pelayo negándose a la claudicación de su raza y su cultura. En la Guerra de la Independencia, el heroísmo del pueblo llano y del bajo clero alzándose contra el francés frente a la servil sumisión ante el invasor de monarcas, aristócratas y obispos. Y así sucesivamente.
Dos actitudes. Dos morales. Dos cosmovisiones. La España de Don Quijote y la de Sancho Panza aparecen una y otra vez en nuestra Historia como ejemplo siempre vehemente y, a veces, exagerado hasta el esperpento de dos arquetipos recurrentes. Hasta ahora.
En la actualidad, España se enfrenta a otra encrucijada en la que, como viene a ser parte de nuestro sino histórico, se juega su propia existencia como Nación. Como en 711, como en 1808, como en 1898, como en 1936...
 Esta vez, el enemigo no viene en forma de Ejército invasor. No le hace falta. El enemigo está dentro en forma de políticos corruptos. Son los lacayos serviles de la oligarquía financiera transnacional. Una oligarquía que está más cerca que nunca de consolidar su dominio mundial mediante un único gobierno planetario. El Nuevo Orden Mundial. 
 La invasión inmigrante, el cáncer separatista o los antivalores de la moral progre políticamente correcta no son sino los instrumentos criminales al servicio de este Nuevo Orden Mundial para anular nuestra identidad y nuestra soberanía. 
Cada vez estamos más cerca de esta pesadilla orwelliana en la que ya no hay naciones soberanas sino mercados. Ya no hay pueblos libres y conscientes de su cultura, su raza y su tradición, sino una amalgama mestiza de consumidores/esclavos. Ya no hay civilización sino rapiña.
Lo malo es que, a diferencia de otras épocas, el alma bipolar española sólo muestra su lado ruin, cobarde y estúpido. Abundan los Monipodios, los Condes don Julián, los Godoy, los Negrín y los Sancho Panza. 
No se ve rastro, de momento, de Pelayo, del Cid, de Manuela Malasaña, de Martín Cerezo o de Yagüe. Se echa de menos a Don Quijote.