martes, 26 de junio de 2012

Solidaridad postiza y papanatismo hereditario.

Al llegar el verano, la falta de actividad en el Patio de Monipodio político hace que los periódicos rellenen sus páginas con noticias aún más inanes, estúpidas y gilipollamente correctas de lo habitual. Leer periódicos en verano suele ser un ejercicio deprimente aunque ilustrativo acerca del nivel de papanatismo de la sociedad española. Sobre todo si uno es capaz de aventurarse en esa mezcla magistral de cursilería, analfabetismo y ñoñería que suele exhibir la prensa local y regional.
 La cosa suele alcanzar niveles de traca cuando se trata de glosar las iniciativas "solidarias" del ámbito educativo. En la España de la LOGSE y de la Educación para la Sodomía, son frecuentes las iniciativas del estilo de,  por ejemplo, un bocadillo gigante elaborado por los alumnos de ESO de Villatruños del Moco a beneficio de la Fundación para la Protección del Gusano Verde de Uganda, de la Asociación de Bolleras y Transexuales de Vietnam o del Colectivo de Ancianos Sordomudos del Desierto de Gobi.
 Los reportajes suelen venir ilustrados con la foto de algún sonriente concejal, consejero o parásito similar cortando el primer trozo del bocadillo gigante flanqueado por el progre y lamelibranquio profesor de la ESO autor de la ocurrencia, generalmente afiliado a CCOO, UGT o así. Naturalmente, el  políticamente correctísimo enseñante atribuirá la ocurrencia al espíritu solidario de sus políticamente correctísimos alumnos, entre los que no puede faltar el inevitable panchito, morito o negrito para dar una nota multicultural a la cosa.
El bocadillo gigante se puede sustituir sin problemas por una carrera de sacos solidaria con el canguro australiano, un concurso de comer salchichas  en solidaridad con los vegetarianos de Chile o un botellón solidario con las víctimas del alcoholismo en Siberia.
Estos eventos cumplen una doble función. Por un lado dan salida a los impulsos de generosidad de los adolescentes dentro de la ortodoxia de la dogmática progre, eliminando así peligrosas tentaciones fascistas de que dicha generosidad se dirija a sus compatriotas. Por otro lado, estas ridiculeces sirven para que los orgullosos progenitores de los solidarios escolares presuman ante los amigos cuando su chaval salga en la tele regional participando en el solidario botellón, elaborando el solidario bocadillo gigante o haciendo la solidaria mamarrachada que corresponda.
La última muestra de esta surrealista moda ha sido una carrera solidaria para comprar máquinas de coser a unas tías de Burkina Faso. Al parecer, los supersolidarios escolares el año pasado hicieron alguna chorrada similar para escolarizar a los pigmeos de Camerún.
En el fondo, la escolarización de los pigmeos camerunenses o la mecanización de las costureras de Burkina Faso es lo de menos. Lo importante es dejar claro que solidarizarse con los hipotéticos desheredados de un lejano país que la mayoría no sabría situar en el mapa es muy guay y tal, mientras que ayudar a los españoles víctimas de la crisis es una muestra de racismo y xenofobia. Así nos va.