miércoles, 4 de julio de 2012

La reconversión de la carroña.

El sistema democapitalista está muerto. Ha perecido del mismo mal que su primo hermano comunista:  una concepción materialista que pone al hombre al servicio de la Economía. O de la Usura. El trabajo humano es, en el caso marxista, un simple engranaje al servicio de una burocracia despótica y, en el modelo capitalista, una mercancía sujeta a las salvajes leyes de la oferta y la demanda.
Las retóricas vacías que invocaban, en un caso, una pretendida emancipación proletaria y, en el otro, unas farisaicas declaraciones de derechos teóricos, hace tiempo que mostraron su carácter de tramoyas artificiales, obscenas en su desfachatez mentirosa. 
Ambos modelos, a pesar de su aparente antagonismo, nunca han dudado en unir sus fuerzas contra cualquier proyecto sociopolítico que cuestione sus antivalores rapaces y judaicos.  
Sin embargo, aunque el cadáver ya empieza a oler, los numerosos beneficiarios del invento se empeñan en mantener una apariencia artificial de vida. Les va en ello su modus vivendi parásito y privilegiado. Por eso, en lugar de buscar alternativas a un régimen fracasado y nefasto, la casta política dedica sus esfuerzos a mantener vivo el Sistema que nos ha llevado a la ruina. Alimentando al zombi.
La última maniobra para mantener en pie el chiringuito consiste en la creación, por parte de los partidos tradicionales, de presuntas alternativas "regeneradoras". Aplicando el principio gatopardesco de que "algo debe cambiar para que todo siga igual", la derecha se ha puesto manos a la obra.
En una felina tertulia de la cadena Interpeperonomía coinciden dos de los protagonistas de esta operación de maquillaje: Alejo Vidal-Quadras y Mario Conde. El primero ha montado una asociación, peña o cuadrilla llamada "Reconversión" y el segundo un partido político que se llama Sociedad Civil o algo así. La verdad es que muy originales poniendo nombres no son.
Se supone que el fin de ambos inventos es una regeneración moral de la vida pública sin renunciar, eso sí, a los principios que sustentan el sistema político. Critican, por ejemplo, los excesos de los separatistas cuando imponen las lenguas regionales en detrimento del español, pero defienden el Estado de las Autonomías. También están en contra, según dicen, de la mamandurria de los políticos pero en ningún momento cuestionan la existencia de instituciones superfluas y parasitarias como el Senado, el Consejo de Estado o la Casa Real. Y así sucesivamente.
Es como si en una casa de putas, la madama se dedicara a quejarse del poco respeto que sus pupilas tienen a la castidad pero sin plantearse en ningún momento el cierre del negocio. Lo más chusco es que los adalides de esta teatral regeneración sean un ex-banquero y un político profesional. Lo dicho: las putas se erigen en defensoras de la virginidad. Esto es Hollywood.