lunes, 16 de julio de 2012

Las gigantescas toneladas de los traidores.

Ya se ha convertido en una tradición que la política exterior española oscile entre la sumisión al amo yanqui cuando gobierna la derecha y el compadreo con dictaduras marxistas, indigenistas y bananeras cuando lo hace la izquierda. El nuevo gobierno pepero ha rizado, una vez más, el rizo. Ya no se limitan, como en la época de Aznar, a subrayar nuestra subordinación al Gran Hermano de Wall Street, sino que abogan por la cesión definitiva de soberanía al poder financiero internacional. Puro Bilderberg.

 El Ministro de Exteriores rajoyano, un tal Margallo, anuncia, en el mejor estilo leirepajinesco, que habrá que ceder "toneladas gigantescas" de soberanía. Y se ha quedado tan fresco como si acabase de robarnos una paga extra o de reducirnos la prestación por desempleo. "Que se jodan", habrá pensado. Eso de los Estados nacionales y la soberanía e independencia de la Patria les suena a antigualla peligrosamente social a todos los siervos del Nuevo Orden Mundial. Ya empiezan a hablar de "refundación" europea. 
En boca de estos pájaros, la cosa viene a significar, más o menos, que a partir de ahora, los banqueros ahorrarán en intermediarios y ya ni siquiera tendrán que hacer el paripé de que los políticos pintan algo. Los distintos dirigentes nacionales asumirán sin disimulo su papel de lacayos de las grandes corporaciones financieras. En esto Rajoy está demostrando ser un seguidor ejemplar de la nueva doctrina. Y es que destacar por su grado de vileza, sumisión y traición al propio Pueblo entre los actuales dirigentes europeos tiene su mérito viendo la fauna en cuestión.
En unos pocos meses de Gobierno, el Partido Popular está consiguiendo algo que parecía metafísicamente imposible: hacer bueno (o casi) a Zetapé.