miércoles, 2 de enero de 2013

Reconquista.

Viendo el actual panorama político, cuesta trabajo creer que hubo un tiempo en que la monarquía, en vez de ser, como ahora, una anacrónica y nefasta aberración histórica que consagra los privilegios de una familia de ladrones y degenerados, fue la institución que construyó el primer Estado europeo digno de tal nombre. 

Los Reyes Católicos, aboliendo los privilegios feudales y uniendo políticamente el territorio nacional, pusieron los cimientos de lo que, unos años después, se convertiría en el gran Imperio que asombró al mundo. 
Hoy, 2 de Enero, se cumple el DXXI Aniversario de la culminación de la Reconquista con la Toma de Granada y la expulsión de los últimos invasores sarracenos. Las tropas españolas enviaban por fin al corrupto y decadente reino nazarí al vertedero de la Historia, poniendo así victorioso final a una lucha de liberación de casi ocho siglos. 
Aunque sólo por este hecho ya serían merecedores del eterno homenaje de los españoles, los Reyes Católicos fueron además los artífices de otros dos hechos gloriosos que marcaron el auge de nuestra grandeza: el Descubrimiento de América y la expulsión de los judíos. 
Hoy, los epígonos de aquellos moros y aquellos judíos, nuestros enemigos de entonces y de siempre, ocupan las poltronas del Poder y convierten otra vez nuestra Patria en un podrido mosaico de taifas. Hoy el Pueblo vuelve a estar sometido a la rapiña de los usureros. Hoy, como decía el clásico, los malos sirven de ejemplo y los buenos de escarnio. Hoy se añoran más que nunca las espadas justicieras de Isabel y Fernando. 
Pero ya no hay reyes ni emperadores que las empuñen. 
El Trono de los Reyes Católicos está mancillado por un engendro antiespañol. La Milicia que fundaron no es sino una mercenaria fuerza auxiliar del materialismo judaico: el otrora glorioso Ejército español derrama su sangre tristemente, en guerras diseñadas por los banqueros, para que otros pueblos caigan bajo la tiranía del Becerro de Oro.
Ya no hay santos, sino clerigalla hipócrita y egoísta.Ya no hay generales, sino burócratas complacientes. Ya no hay leyes justas, sino tramoya liberal al servicio de los ricos.
Por obra y gracia de la cleptocracia parlamentaria, han vuelto los tiempos de Reconquista. Pero ahora el combate no lo iniciarán las arengas de los capitanes, sino el grito de guerra del Pueblo. Puede que ya no haya Reyes Católicos pero, para terror de la casta infame que nos gobierna, todavía quedan Pelayos. Y si no quedan, los inventaremos.