lunes, 29 de abril de 2013

1 de Mayo. No tienen límite (ni vergüenza).

Que el tiempo te dé la razón es, a veces, triste. Cuando, hace treinta y cinco años, se culminó la gran estafa social llamada Transición con ese engendro legal conocido como Constitución de 1978, unos pocos españoles, desde lo que la prensa pesebrera comenzaba a llamar con afán descalificador "extrema derecha", anunciamos sin marrar un ápice lo que nos iba a traer el invento.
Desde derecha e izquierda se nos tildó de agoreros, desestabilizadores y demás epítetos inventados por la incipiente cloaca periodística democrática cuando enumeramos lo que entonces nos esperaba. A saber:

- La entronización de una casta parasitaria blindada en sus corruptelas, privilegios y prebendas por una partitocracia rapaz que saquearía el Presupuesto y que, para más escarnio, se autoproclamaría como un "régimen de libertades". 
- La desintegración nacional obra de un sistema autonómico que, además de una ruina económica y de un nido de corrupción, sería una plataforma de propaganda y financiación para el separatismo.
- El desarme moral de la sociedad española mediante el debilitamiento planificado de la institución familiar aplaudido en muchas ocasiones por un clero infiltrado hasta el tuétano por el marxismo y la masonería. Los tarancones, setienes y demás escoria fueron la muestra más visible de una clerigalla que pasó en pocos años de engordar gracias al meapilismo institucional del último franquismo, a bendecir a los esbirros del Partido Comunista y de la ETA.
- La pérdida de los avances sociales conseguidos gracias a la influencia falangista y su sustitución por un obsoleto "sindicalismo" teledirigido por los partidos que nos haría retroceder a los esquemas marxistoides de "lucha de clases" y resentimiento social.
En una monumental operación de latrocinio legalizado, se expolió el patrimonio de los sindicatos verticales, conseguido gracias al esfuerzo de los trabajadores españoles, y se regaló a los parásitos y sinvergüenzas de la UGT y de Comisiones Obreras. Vendieron el asunto como una "devolución" del patrimonio sindical, lo que no dejaba de tener su lado chusco al "devolverse" tal patrimonio a organizaciones que no existían el 1 de Abril de 1939 mientras se dejaba fuera a la CNT. Fieles a su tradición de tontos útiles del comunismo, los anarquistas se quedaron sin botín. Todo muy edificante y revelador del talante moral de los nuevos mandamases sindicales.
El resultado de todo este montaje, lo estamos viendo ahora: Más de seis millones de parados en una Nación arruinada, con unos gobernantes corruptos al servicio de la oligarquía financiera internacional. Un pueblo dividido, envilecido y despojado de referencias morales, culturales, históricas y raciales mediante el lavado de cerebro multicultural y políticamente correcto. Un dócil rebaño de mestizos sin identidad: el ideal de la plutocracia globalizadora. 
Y, frente a este estado de cosas, la izquierda hace tiempo que se reveló como colaboradora entusiasta en lugar de como alternativa. La izquierda del sistema, el PSOE, se ha consolidado, al igual que el PP, como una mafia parasitaria del erario, más preocupada por mantener su estatus que por ofrecer alternativas.
 La extrema izquierda ha degenerado hacia bandas de delincuentes profesionales mediatizados por el separatismo proetarra y por el anarquismo más piojoso que son utilizadas por el Sistema como instrumento para desactivar cualquier reacción popular contra el orden establecido.
Pero quizá lo más vomitivo del tinglado sean los mal llamados "sindicatos", convertidos en burocracias paralelas y pocilgas de corrupción. Con un opaco y corrupto sistema de financiación mediante subvenciones directas, "cursos de formación" inexistentes, prebendas y enjuagues diversos, mantienen una casta de paniaguados, "liberados" y enchufados indistinguible de esa otra mamonazocracia de los partidos políticos. Como contrafigura de estos subvencionados y corruptos cocougeteros que no representan a ningún trabajador se han consolidado unas subvencionadas y corruptas organizaciones patronales que no representan a ningún empresario. 
Está claro que estos marrajos, en lo referente a desvergüenza, ineptitud y despilfarro, no tienen límite.