martes, 14 de mayo de 2013

La ONU, la FAO y el cachondeo.

Siempre he tenido la sospecha de que la ONU y sus diversas sucursales, capítulos y conventínculos, además de sustentar la globalización, ser un socorrido aparcadero para desechos de tienta de las castas políticas estatales y hacer un paripé indecente para bendecir el imperialismo yanquisionista, son, en el fondo, una especie de Club de la Comedia planetario.

Es como si, convencidos de su inutilidad, los burócratas, enchufados y allegados que pueblan estos chiringuitos, hicieran de vez en cuando un concurso para ver quién dice la parida más gorda. De igual forma que, en ciertas celebraciones, la euforia etílica hace que el afán por hacer una gracieta se imponga por encima del pudor más elemental, estas instituciones hacen de vez en cuando propuestas que dan  la sensación de haber sido dichas aguantándose la risa. Esa risa obscena y beoda del que se burla de la miseria ajena.
La última patochada de este jaez la ha protagonizado la FAO, institución dizque dedicada a la Agricultura y la Alimentación. Según los cerebros privilegiados afincados en este negociado, para acabar con el hambre en el mundo no hay que hacer cosas desagradables para la oligarquía financiera tales como cambiar los sistemas de producción, acabar con prácticas inmorales como la destrucción de excedentes alimenticios o terminar con la Usurocracia que convierte el hambre en negocio para unas pocas multinacionales. Nada de eso. Tampoco hace falta que las inmensas superficies cerealísticas destinadas a la producción de biodiesel vuelvan a ser utilizadas para producir alimentos. Qué va.  
Lo que hay que hacer según estos chupatintas de megasueldo, clase "bisnes", moqueta y caviar es comer bichos. Por lo visto es muy sano: no hay más que fijarse en lo lustrosos que suelen estar los osos hormigueros y los sapos. 
Y es que ser un burócrata parásito no está reñido con ser un cachondo. 
Este fino rasgo de humor a costa de los hambrientos recuerda a la conocida anécdota de la Reina María Antonieta en vísperas de la Revolución Francesa. Cuando preguntó por la razón de unos disturbios en París y fue informada de que se debían a una protesta por la escasez de pan, la soberana respondió que si no había pan, que comieran pasteles. Éstos de la FAO han superado a María Antonieta. Les deseamos cordialmente que tengan un final similar al de la reina francesa. Y que ofrezcan bichos como almuerzo a sus señoras madres. Los cínicos hijoputas.