martes, 21 de mayo de 2013

Patentando genes ajenos.

Hay aspectos del Nuevo Orden Mundial que son cuidadosamente ocultados por los medios de comunicación para evitar que lo que todavía queda de sentido crítico en la opinión pública pueda inquietarse. No conviene airear demasiado la sordidez, falta de escrúpulos y desvergüenza de nuestros globalizadores amos plutócratas. Pero, a veces, la celebridad de algún protagonista hace que noticias que deberían haber pasado inadvertidas llamen la atención sobre alguno de estos aspectos y, claro, flipamos.

Resulta que Angelina Jolie sufre una grave enfermedad. Debe someterse a una operación de mastectomía preventiva o algo así. Hasta aquí todo normal aunque triste. Lo curioso es que, a raíz de esta desventurada circunstancia, nos enteramos de que la actriz debe pagar una pasta gansa por las pruebas genéticas previas a la intervención porque hay una empresa que tiene patentado, así, con un par, el gen causante de esta enfermedad. O sea, el gen de Angelina Jolie no es de Angelina Jolie sino de un chiringuito económico-científico.
 Los biempensantes justifican que estos mercachifles con bata blanca cobren lo que se les ponga en la punta alegando que para eso han invertido un pastón en investigar el gen en cuestión y, claro, tienen que rentabilizar el asunto. Y es que ahí está el problema. En convertir la salud humana y la integridad física de la peña en negocio. Una consecuencia más de la cosificación de la persona. Y es que, al final, el que la  sociedad capitalista sea un basurero a medio camino entre un mercadillo hebreo y una distopía orwelliana es un fruto inevitable de la falta de referencias éticas. 
La moral es un estorbo para el libremercado. En esto coinciden tanto el progre ovino para el que defender la Sanidad pública es una cuestión de trienios de los celadores, como la esperanzaguirre o griñán de turno construyendo hospitales con dinero público para que después los amiguetes hagan negocio. 
Si que se asesine anualmente a miles de nonatos le parece a esta piara un derecho de las madres, tampoco se van a despeinar porque nuestro cuerpo no sea nuestro, sino propiedad de una institución gringa. Eso sí, si un perturbado dice que se siente mujer, la capadura y posterior tuneado del maromo en cuestión se considera un derecho inalienable protegido por la sacrosanta Constitución y por la ONU, la OTAN y demás. A ése no se le cobra ni un euro. Hasta ahí podríamos llegar. 

Me estoy imaginando la escena en un hospital de dentro de unos años.

- Buenos días, doctor. ¿Se puede?.
- ¿Ha abonado ya el suplemento para no tener que hacer cola? 
- Sí, aquí tengo el ticket.
- Vale. Entonces pase y dígame.
- Pues verá, es que sufro en silencio por las hemorroides y...
- La operación de hemorroides son setecientos veinticinco mil euros y la voluntad.
- Coño, qué caro ¿no?
- De eso nada. La operación en sí cuesta treinta y cinco euros (cincuenta si quiere anestesia) pero hay que pagar el royalty. Al fin y al cabo, la hemorroide no es suya, sino que legalmente pertenece a la United Corporation Almorraine of Massachusetts. 
- Ah, bueno, siendo así...
- A ver: el siguiente.
- Yo es que soy una cabra atrapada en el cuerpo de un hombre.
- Vaya pidiendo hora para el implante de pezuñas. Que ese día le acompañe su señora y así aprovecho para ponerle los cuernos.
- ¿Se debe algo?
- Para usted nada, por Dios. Invita la casa. El cambio de especie es un derecho constitucional y está recogido en la Declaración Universal de Derechos de Tarados, Transexuales y Julandrones del Mundo Mundial.
- Qué bien. Cómo mola la democracia y eso.
- Ya te digo.