jueves, 6 de junio de 2013

Buenas noticias.

Cuando la actualidad es un interminable catálogo de crisis, desesperación, miseria, corrupción y demás graciosos dones del régimen democrático que disfrutamos, se celebran doblemente las buenas noticias. A pesar de que, en el fondo, temamos que no sean más que fugaces espejismos. Pero consuelan y hacen un poco menos deprimente la jornada, lo que siempre es de agradecer.
Últimamente, han sido dos las noticias que nos han alegrado el día. Curiosamente, las dos tienen que ver con mercenarios al servicio de poderes antinacionales.

 Una es la liberación de la estratégica ciudad de Al-Qusair por parte del Ejército sirio. Es difícil resistir la tentación de obsequiar con efusivos cortes de mangas a la prensa pesebrera y biempensante que lamenta esta victoria del pueblo sirio frente a los mercenarios integristas pagados por la CIA y el Mossad. Hay que ver. Con la pasta que se han gastado en promover el salafismo, intoxicar a la opinión pública mundial , manipular las noticias y atribuir al Ejército legítimo las atrocidades cometidas por la chusma islamoterrorista.  Y es que, a veces, los planes de los sanedrines que diseñan el Nuevo Orden Mundial se frustran por el coraje de un pueblo que defiende su independencia. Bien, en todo caso, por Al- Assad.
 Aunque, posiblemente, ahora comience una campaña de prensa clamando por la intervención directa de USA y sus satélites en Siria para que los bombardeos masivos consigan suplir la falta de testiculina de los mercenarios yanquisionistas. Pero, de momento, Siria resiste y Sión rechina sus dientes.
La otra noticia también se refiere a unos mercenarios, sólo que éstos fueron derrotados hace más de setenta años por los españoles de bien: las estalinianas Brigadas Internacionales, a las que el hijo del genocida de Paracuellos, a la sazón Rector de la Complutense, había levantado un monumento en plena Ciudad Universitaria. Ahora una sentencia obliga a quitar el cachivache. 
Esta decisión no obedece a razones de dignidad histórica sino, como era de esperar en la casta democrática que gobierna el cotarro, a cuestiones de licencias urbanísticas y galimatías burocráticos. En cualquier caso, siempre es agradable contemplar la rabieta de los rogelios apesebrados en los chiringuitos de la Memoria Histérica y demás especímenes revanchistas y babeantes.
 Como en el caso anterior, es de prever que la alegría dure poco. Las diversas logias rojiprogres conseguirán al final que se reponga el engendro y, presumiblemente, la piara habitual lo celebrará con un botellón solidario, una fumada de porros libertaria o una exhibición mamaria de las antifascistas locales a semejanza de sus congéneres gabachas de Femen. Mientras tanto, nos alegramos por el ahorro en pintura que supondrá la retirada del pedrusco para muchos camaradas que periódicamente lo decoraban.