lunes, 2 de septiembre de 2013

Agresión a Siria. ¿Dónde están los progres?

Resulta difícil decidir qué da más grima: la reveladora unanimidad de los medios de comunicación ante la próxima agresión yanqui a Siria repitiendo como loros amaestrados las consignas y cuentos de los agresores, o la indiferencia de esa masa lobotomizada de borregos (llamada por la derecha "sociedad civil" y por la izquierda "voz de la calle") ante el genocidio anunciado.
Hasta ahora, las únicas voces que de verdad se han alzado contra la criminal y pueril tramoya que intenta justificar el ataque han sido las disidentes. Las que no comparten esa amalgama de ñoñería, demagogia y maniqueísmo que constituye el dogma democrático políticamente correcto. Las de los católicos sin complejos que repudian la tibia postura vaticana abandonando a los cristianos sirios a la barbarie de los mercenarios integristas a sueldo de la CIA y el Mossad. Las de los patriotas europeos conscientes de que el próximo bombardeo no es sino la criminal continuación de una sangrienta serie en la que figuran Dresde, Hamburgo, Hiroshima o Bagdad. Las de los que consideramos un insulto a nuestra inteligencia que se nos cuente que la mejor forma de proteger a una población de inverosímiles "gaseamientos" (¿les suena?) es bombardeando a esa misma población. Las de los que defendemos el derecho del pueblo sirio y de su legítimo Presidente Al Asad a la integridad territorial, independencia y soberanía de su nación frente a la camuflada invasión sionista. Las nuestras.
Es inevitable preguntarse dónde está esa recua de actores subvencionados, comunistas millonarios, perroflautas con pedigrí, feministas hirsutas y lameculos progres que habitualmente se suelen poner detrás de la pancarta. 
Quizá estén avergonzados de su júbilo cuando el negrazo de abuela judía se instaló en la Casa Blanca o recibió el Nobel de la Paz. Aunque conociendo el percal, el concepto de vergüenza es incompatible con los habituales bardemes, almodóvares, güilistoledos y demás fauna. 
Lamentablemente, aunque nadie les echa de menos, no es descartable que asomen su fea jeta si consideran que el barullo puede beneficiar a los partidos que llenan sus pesebres.
En cualquier caso, desde esta humilde bitácora les deseamos el mismo destino que a los judaicos estrategas que lanzarán sus misiles, si Dios y Putin no lo impiden, sobre el pueblo sirio.
Que Dios proteja a Siria y conceda fuerza y eficacia a su Ejército.