domingo, 17 de noviembre de 2013

La granja democrática. Ía, Ía, oh.

El comportamiento y costumbres de esa mafia burocrática que llamamos casta política parecen inspirados, ahora más que nunca, en una recreación idealizada del apasionante mundo animal y constituyen un filón inagotable de inspiración para los que gustan de metáforas zoólogicas.
La propia reacción de la sociedad española ante el comportamiento de la casta política, podría definirse con el título de una conocida película de connotaciones borreguiles: ”El silencio de los corderos”. 
Y es que nuestra ejemplar democracia parlamentaria se va pareciendo cada vez más a una variada y bullanguera granja.

 Por ejemplo, ante la figura de la más alta institución del Estado, sus veleidades putero-cinegéticas o su benevolencia con los urdangarínicos chanchullos de su ilustre hija, es inevitable evocar la agreste figura del macho cabrío de gran tamaño. El recuerdo del gran macho de la cabra está presente en cualquier conversación española en la que se mencione a diputados, concejales o banqueros. También suele asociarse a la figura de otros parásitos como los cocougeteros aunque en este caso es mucho más frecuente la metáfora porcina. Esto, además de una exageración, constituye una evidente injusticia y una contradicción porque, al contrario que los subvencionados burócratas sindicales, el cerdo es uno de los animales más útiles a la sociedad que existen. 
En cualquier caso, la gran cantidad de sinónimos para designar al ejemplar porcino, abre un abanico de matices para su utilización metafórica. Así, ante la denominación más castiza y popular de "guarro", acuden a nuestra mente las pintorescas y poco higiénicas huestes de oligofrénicos, toxicómanos y delincuentes también conocidos como "antifascistas" o, más coloquialmente, "antifas". Sin embargo, si oímos el más quevediano y clásico epíteto de "marrano", nos acordamos, en una evocación de sanedrines y sinagogas, de los amados jefes e inspiradores del ministro Gallardón, un "antifa" de un estilo más perfumado.
La entomología también forma parte de nuestro imaginario sociocultural. Al contemplar, por ejemplo, la actitud frente al poder de la mayoría de nuestros periodistas, es casi redundante pensar en larvas, gusanos, o, en otro orden zoólogico, babosas y lamelibranquios.
Estas asociaciones de ideas a veces son curiosas y parecen contradecir la lógica. Por ejemplo, ante las actividades públicas de las alegres damas de Femen, que básicamente consisten en exhibiciones mamarias, lo lógico sería relacionar a dichas damas con el mundo de la ganadería lechera. Sin embargo, los comentarios populares asocian a las susodichas exhibidoras de ubres no a las vacas, sino a las costumbres sexuales de las gallinas o al comportamiento tradicionalmente atribuido a las zorras. Misterios del lenguaje.
El mundo canino también está presente en el colorido panorama del Estado democrático de Derecho. Porque, vamos a ver, ¿qué se puede decir de un Presidente de Gobierno que se dedica a abrir las puertas de las cárceles para soltar a asesinos separatistas, violadores y demás alimañas para congraciarse precisamente con los peores enemigos de España? Con evidente injusticia para nuestras mascotas favoritas, la única calificación que cuadra a tal Presidente de Gobierno es la de perfecto hijo de perra.