miércoles, 27 de noviembre de 2013

Sala de Espera

La Sala de Espera estaba abarrotada. En un extremo, tras un mostrador vacío, se veían dos grandes puertas en las que había pintados unos monigotes semejantes a los que hay en algunos aseos públicos. En una de ellas, el monigote ostentaba rabo, cuernos y empuñaba un tridente. En la otra, figuraba una especie de bebé alado.
De repente, apareció una solemne figura femenina coronada de laurel y vestida con túnica y sandalias. La formidable presencia se dirigió a la muchedumbre y la exhortó con voz tonante.

- Un poco de silencio, por favor. Gracias. Verán, con esto del gran terremoto en Madrid, estamos un pelín desbordados, así que vamos a poner un poquito de orden ¿vale? Pongan atención: A ver, los carteristas, timadores, periodistas y trileros que vayan rellenando el impreso amarillo y esperen a que una azafata los conduzca al Jardín de las Delicias Estándar. No se me amontonen. Gracias.
- Perdone, yo es que era de Comisiones Obreras ¿cuento como timador?
- Usted póngase aquí, en la fila lateral, junto a los proxenetas, grandes estafadores, inspectores de Hacienda y traficantes de droga. Su impreso es el verde. En unos momentos serán conducidos al Gran Casino Celestial donde unas strippers interpretarán un baile de bienvenida en su honor. Un poco de paciencia. A ver, la señora que alza la mano ¿usted qué quiere?
- Sólo una pregunta, perdone: las personas decentes ¿dónde nos ponemos? 
- ¿Hay alguien más que fuera decente? Que levante la mano. Vale. Tres más. Muy bien. Ustedes quédense al fondo, preparen sus tarjetas de crédito y esperen a que los llamen. No interrumpan. A ver, seguimos: los que eran banqueros, políticos, terroristas, asesinos en serie y violadores, sean tan amables de dirigirse a la Sala Vip. Allí encontrarán un regalo de bienvenida y, en breves instantes, nuestras top models les acompañarán al Paraíso Premium entre coros celestiales.
- Oiga, señorita. Perdone que le diga, pero para ser usted la Justicia no hace mucho honor a su nombre ¿eh?
- Deje de incordiar, señora. Y a ver si nos aclaramos: Yo no soy la Justicia ¿vale? La Justicia ya se jubiló. Yo soy la Democracia.